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Monzón observa. Cada movimiento. Cada salto. Cada pegada.
Quizás pretender mostrar en una serie de fotografías
a modo de relato; la garra, el orgullo, la necesidad, los deseos,
y por sobre todo ello la esperanza; sea un tanto ambicioso, y también
un poco soberbio tratar de entender los desafíos que día
a día estas personas enfrentan con sus puños y con
la única convicción de derribarlos.
Ramón Arévalo, ex-boxeador y ahora entrenador, cree
y confía. Sabe que sus chicos "sus pupilos", encuentran
en este espacio y en sus enseñanzas, no sólo las virtudes
de aquel que las sabe transmitir, sino el temple y las armas necesarias
para enfrentarse a la vida como a sus oponentes en el cuadrilátero.
Historias de un lugar precario, a veces muy frío y oscuro,
de guantes muy lastimados y vendas gastadas, del hilo y la aguja
que cosen una vez más la bolsa, de gomas de camión
para hacer piernas; de una radio pegada con cinta como si hubiera
recibido una paliza, de una improvisada carpa de plástico
para bajar kilos, de la única estufa que lleva algo de calor;
lejos de Las Vegas, del Cesare Palace, de Don King; del show y las
luces que nos entrega la pantalla ....
Y Monzón observa, cada movimiento, cada salto, cada pegada.
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